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Ayuso debería ir al cine Verdi, cuando se proyectará en cuatro capítulos, a modo de serie televisiva, el excelente documental de Juanjo Castro titulado ‘7291’ (cuya versión abreviada se puede ver en RTVE Play) y elaborado con testimonios que ilustran lo acontecido en las residencias madrileñas de mayores durante la pandemia. Entonces podrían haberse mandado allí al personal sanitario de los ambulatorios, pero se prefirió destinarlos al llamado hospital de campaña IFEMA, en aras de la propaganda.
Ahí está el historial del servicio prestado por el fastuoso centro polivalente llamado Zendal que a buen seguro servirá enseguida para otros menesteres, por su cercanía con el aeropuerto, como ya dijo en su día la presidente madrileña, cuyo hermano por cierto se lucró con unas exorbitantes comisiones en la compra de mascarillas, igual que su novio, el ciudadano particular, obtiene pingües dividendos de Quirón, ese grupo al que la Comunidad de Madrid bombea cantidades astronómicas detraídas al sistema sanitario público.
La privatización más o menos encubierta del sistema sanitario madrileño ha sido denunciada de muchas maneras. Lo que se ha conocido recientemente, sobre la reutilización de material desechable y el no aceptar pacientes poco lucrativos es tan solo la guinda del pastel por ahora. Lo más grave fue propiciar que agonizaran sin asistencia miles de ancianos por unos protocolos absolutamente deleznables, con arreglo a los cuales quienes tenían dificultades respiratorias o escasa movilidad no eran derivados a los centros hospitalarios, mientras que paralelamente podrían hacerlo quienes tenían un seguro privado, para ser curados o morir con cuidados paliativos.
En ocasiones, Ayuso parece querer arrebatarle a Mazón el podio de la ignominia y podría conseguirlo, aunque le han dejado muy alto ese listón
Las declaraciones en sede judicial de Carlos Mur implican a personas que asumieron luego responsabilidades adicionales y están imputadas. Ayuso podría cesarlas precautoriamente, pero prefiere defenderlas a capa y espada, acaso por ser ella la última responsable y temer quedar expuesta sin esos cortafuegos. En ocasiones parece querer arrebatarle a Mazón el podio de la ignominia y podría conseguirlo, aunque le han dejado muy alto ese listón. Si hubiera un funeral por estas víctimas, los familiares concernidos e insultados recurrentemente, podrían espetarle los epítetos que merecen su execrable actuación como máxima responsable política. Ojalá el tiempo pudiera poner las cosas en su sitio y alguna vez Ayuso pidiera sinceras disculpas por unas decisiones tan desatinadas. Pero esto no figura en el manual de Miguel Ángel Rodríguez.
El quehacer de Juanjo Castro es impagable. Ahora está preparando una película sobre la dana, cuya protagonista, interpretada por Blanca Portillo, será la jueza de Paiporta. Su título provisional es ‘Lágrimas de barro’ y está producida por Andrés Vicente Gómez. Hoy mismo asisto a un pase privado para quienes hemos colaborado en su filmación del documental ‘Eso de lo que nunca se habla’. Por ahí desfilan reflexiones y testimonios relativos a la muerte, el duelo, la eutanasia o el suicidio, entre muchos otros temas afines o relacionados con ellos. El compromiso político social que destilan sus proyectos cinematográficos es tan envidiable como ejemplar.
Mientras tanto Ayuso drena sus propias frustraciones, que deben ser legión, insultando a los familiares de quienes agonizaron sin recibir asistencia en sus residencias. Impresiona escuchar sus declaraciones en sede parlamentaria, pese a que sus disparates formen ya parte de un desastroso paisaje político teñido por la demagogia y las peores artimañas del trumpismo.



